Las cinco trampas del impuesto a la banca

Podemos nació y creció con un discurso contra la casta y contra los recortes, dos consignas que se realimentaban mutuamente: la casta extractiva vaciaba de recursos las arcas públicas y ello obligaba a efectuar recortes y, a su vez, los recortes consolidaban la desigualdad dentro de la sociedad e indirectamente reforzaban el poder de la casta.

Ese, y no otro, es el terreno de juego en el que se sentía cómodo Podemos, y conforme ese terreno de juego se ha ido moviendo, su discurso populista también se ha ido marchitando: no en vano, entre 2014 y 2017, los ‘recortes sociales’ fueron siendo revertidos (el gasto en protección social aumentó casi un 4% en términos reales y el gasto en educación y sanidad lo hizo más de un 8%) y la desigualdad fue reduciéndose conforme se iba creando empleo (el índice Gini ha caído de 34,7 a 34,1 durante el mentado periodo).

De tanto en tanto, sin embargo, Podemos trata de resucitar extemporáneamente el discurso anticasta y antirrecortes que tan buenos frutos electorales le dio en su momento. Tan es así que su primera promesa de campaña, anunciada a bombo y platillo por redes sociales, ha sido la de que forzarán a la banca a devolver los 64.000 millones de euros que les fueron entregados parasitariamente por el conjunto de los españoles. Personalmente, simpatizo con la idea de no rescatar entidades financieras con problemas (imponiéndoles las pérdidas a sus acreedores y no a los contribuyentes) e incluso con la propuesta de recuperar los fondos desembolsados en un rescate improcedente.

Pero al igual que simpatizo con tales planteamientos, también aborrezco las trampas que simplonamente los políticos —y, en este caso, Podemos— tratan de tender a la población para, en última instancia, asaltar el poder estatal con su voto. Cinco son las mentiras, falsedades o errores en los que incurre Podemos con su promesa electoral de recuperar los 64.000 millones de euros entregados a la banca por parte de los contribuyentes.

Primero, el rescate no fue dirigido a los bancos sino esencialmente a las cajas de ahorros: de todas las entidades recapitalizadas por el Estado, solo Banco de Valencia era originalmente un banco, si bien un banco poseído y gestionado por una caja (Bancaja). Todo el restante capital fue a parar a cajas de ahorros. Es verdad que los bancos también recibieron ciertas ayudas por la puerta de atrás —en particular, adquirieron cajas quebradas a precios de saldo y con esquemas de protección de activos como salvaguarda—, pero incluso en tal caso el grueso de las ayudas fue para las cajas. El matiz es significativo, porque las hiperpolitizadas, mutiquebradas y plurirrescatadas cajas de ahorros son el modelo de banca pública que Podemos aboga por reimplantar en España: a Dios rogando y con el mazo dando.

Segundo, el coste bruto del rescate de las cajas no fue de 64.000 millones de euros, sino de 79.900 millones. De ellos, eso sí, 23.000 fueron desembolsados por el Fondo de Garantía de Depósitos de Entidades de Crédito (el FGDEC, el cual se había nutrido con aportaciones periódicas de los propio bancos) y 56.900 millones de euros con dinero de los contribuyentes (a través del famoso FROB).

Ahora bien, de esos 56.900 millones de euros, el Tesoro ya ha recuperado algo más de 7.300 millones con la venta total o parcial de las entidades rescatadas, de modo que el monto pendiente de recuperación asciende a 49.600 millones de euros, no 64.000 millones. La cifra de 64.000 millones de euros es la estimación del coste total del rescate que efectúa a día de hoy el Banco de España: coste total no solo para el contribuyente sino también para el FGDEC.

Tercero, ese saldo pendiente de recuperación para el contribuyente —49.600 millones de euros— podría estrecharse todavía más si se completara la privatización de Bankia: con la enajenación de la participación estatal, el Tesoro podría obtener cerca de 5.000 millones de euros, lo que reduciría la suma pendiente de rescate por debajo de los 45.000 millones de euros.

Pero Podemos se niega a privatizar Bankia debido a su obsesión por reimplantar la banca pública: es decir, en lugar de recuperar el capital (coercitivamente) invertido en las cajas por el modo más natural de hacerlo (desinvirtiendo en ellas), Podemos apuesta por mantener inmovilizados 5.000 millones de euros de todos los contribuyentes en su particular cortijo financiero al tiempo que propone crear nuevos tributos para, en última instancia, sufragar ese caro cortijo financiero.

Cuarto, los diversos impuestos a la banca que plantea crear Podemos —impuesto sobre depósitos, recargo en el impuesto sobre sociedades, impuesto sobre transacciones financieras, etc.— serían, en realidad, soportados por los propios clientes de los bancos.

Ya hemos explicado en numerosas ocasiones que la mezcla de una demanda relativamente inelástica por los servicios bancarios unida a una oferta relativamente elástica por parte de los bancos conduce inevitablemente a que los gravámenes fiscales sean repercutidos en gran medida sobre los propios ciudadanos. No será, pues, la banca la que devuelva a los contribuyentes su dinero, sino que serán los contribuyentes quienes nutran con más recursos financieros al Estado bajo la excusa de estar recuperando el rescate bancario.

Y quinto, aun cuando nos creyéramos ingenuamente que serían los accionistas de los bancos quienes soportarían en última instancia este tributo, su potencia recaudatoria es muy escasa. Las últimas estimaciones que efectuó Podemos al respecto hablaban de 1.000 millones durante su primer año de aplicación y de 5.800 millones a lo largo del primer lustro, esto es, una media de 1.160 millones por año. En otras palabras, la revolucionaria idea de Podemos tardaría unas cuatro décadas en recuperar el dinero todavía no devuelto por las cajas de ahorros.

En definitiva, Podemos ha entrado de lleno en campaña haciendo lo mejor que saben hacer los políticos: manipular a la población para avanzar hacia el poder a lomos de la mentira. Ni se rescató ‘a la banca’, ni quedan 64.000 millones de euros por recuperar para los contribuyentes, ni mantener nacionalizada Bankia ayuda a recobrar las ayudas, ni los impuestos sobre la banca los pagarán los bancos, ni, aun cuando sí los pagaran, seríamos capaces de recuperar lo desembolsado en un horizonte temporal mínimamente razonable.

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