Las mentiras de Ahora Madrid sobre la deuda municipal

Esta semana hemos conocido que el Ayuntamiento de Madrid redujo su endeudamiento en el tercer trimestre de 2015 un 19,1%. Se trataba de un dato muy llamativo, dado que uno de los principales temores que recaía sobre el gobierno municipal de Ahora Madrid era el de la irresponsabilidad financiera. Pero, a la luz de las cifras, parecería que no han representado un peligro tan grande como algunos nos quisieron vender: no en vano, apenas con unos meses de gestión han logrado recortar en un quinto los pasivos del ayuntamiento más endeudado de España.
Acaso por ello, desde Ahora Madrid rápidamente corearon el tan inmediato éxito de su gestión. Por ejemplo, en su página de Facebook podía leerse: “No es magia. En Madrid hay voluntad política para gestionar lo público de otra manera. Más gasto social y menos deuda”. Asimismo, desde Podemos trataron de capitalizar la noticia en forma de votos para las generales afirmando que estábamos ante “una prueba más de que una buena gestión de los recursos es cuestión de voluntad política, y de que cuando se quiere, se puede. Es hora de llevar esta capacidad y esta voluntad al Parlamento y al Gobierno el 20D”.
Hasta aquí la ciencia ficción, ahora vayamos con la realidad. De entrada, el Ayuntamiento de Madrid cerró 2014 con una deuda de 5.900 millones de euros y un superávit de 1.400 millones. A su vez, los presupuestos aprobados por el anterior gobierno municipal para 2015 proyectaban un superávit de 735 millones de euros para este ejercicio. Es decir, Carmena no se encontró un consistorio que siguiera multiplicando su deuda en medio de un agujero financiero sin fondo, sino un ente con un saldo presupuestario saneado y con una enorme capacidad para amortizar deuda. Por consiguiente, aun cuando fuera cierto que Ahora Madrid ha recortado el endeudamiento en un 19,1%, sería injusto atribuirse el mérito de una inercia económica que ya proviene del gobierno municipal anterior.
Pero es que ni siquiera es verdad que Carmena pueda anotarse semejante gesta: el Ayuntamiento de Madrid ha reducido su endeudamiento un 19,1% en el tercer trimestre de 2015 con respecto al tercer trimestre de 2014. Es decir, los 1.320 millones de menor deuda no son atribuibles a los escasos tres meses (uno de los cuales fue vacacional) que gobernó Ahora Madrid hasta septiembre de 2015, sino a los doce meses anteriores. Y se da la incómoda casualidad de que la práctica totalidad del recorte de la deuda se fraguó antes de que Carmena llegara al consistorio.
En concreto, en septiembre de 2014, la deuda municipal ascendía a 6.907 millones de euros; a cierre de 2014 ya había caído a 5.936 millones; al concluir el primer trimestre de 2015 se redujo a 5.892; al finalizar el segundo, a 5.636; y ya en septiembre de 2015 cae a 5.583 millones. Dicho de otra forma, Ahora Madrid y Podemos se atribuyen de manera enormemente tramposa un recorte de la deuda de 1.320 millones cuando sólo les es imputable —y todavía bajo la inercia del presupuesto de 2015 aprobado por el gobierno anterior— una minoración de 53 millones. O dicho de otra forma, de los 19,1 puntos que proclaman haber rebajado la deuda, sólo les son propios 0,77.
Cazada la flagrante mentira y manipulación electoral, sólo cabe plantearse lo siguiente: ¿aparecerá en Versión Original —la página web del Ayuntamiento dedicada a denunciar “falsedades” en la prensa— la pertinente rectificación? Hagan sus apuestas.
La amenaza
Y si bien la deuda del Ayuntamiento de Madrid sigue reduciéndose —aunque no gracias a la gestión de Ahora Madrid—, la deuda del conjunto de las Administraciones Públicas continúa creciendo a ritmos preocupantes: al finalizar el tercer trimestre de 2015, los pasivos financieros del Estado totalizaron los 1.062 millones de euros, o el equivalente al 99,3% del PIB. De hecho, si a estas cifras les añadiéramos la deuda de las empresas públicas, ya estaríamos superando ampliamente el 100% del PIB. Se trata, pues, de un dato que trimestre tras trimestre va aumentando en gravedad y que debería constituir la principal prioridad del próximo gobierno: al cabo, cuanta mayor sea la deuda pública, menos creíbles nos volvemos frente al exterior y menor margen poseemos para bajar intensamente los impuestos. Por desgracia, ningún partido parece tomarse en serio el reto de la deuda pública: todos prefieren legarles una enorme hipoteca a las generaciones futuras a cambio de cazar votos entre las presentes.
Una buena idea fiscal
A pesar de que el muy elevado endeudamiento público no permite aprobar grandes rebajas de impuestos a menos que algún partido se decida de una vez a recortar con energía el gasto público, sí hay ciertas medidas de alivio tributario que pueden —y deben— adoptarse por el escaso coste fiscal que suponen. Una de ellas es la anunciada recientemente por Mariano Rajoy: que aquellas personas que retrasen voluntariamente su jubilación no paguen IRPF. Por un lado, el erario público no va a ver minorados sus ingresos, dado que cuando una persona se jubila ya deja de devengar ingresos gravables de magnitud apreciable. Por otro, la Seguridad Social sí verá reducir sus gastos, dado que cuanto más tarde se jubile la gente, menor número de pensiones debe abonar. En suma, incentivar a que los españoles continúen más años en el sector privado mediante la exención fiscal de sus rentas es una propuesta sensata que sólo cabe esperar que el resto de formaciones políticas termine abrazando.
Desde el exterior
Las elecciones legislativas en Venezuela han arrojado una muy contundente victoria de la oposición en medio del desastre económico que asuela el país. Por desgracia, la magnitud de la victoria no tiene por qué ir de la mano de la magnitud de la recuperación: el chavismo ha destrozado durante década y media las bases de cualquier crecimiento sostenible y la reconstrucción económica se antoja muy larga y complicada. A la postre, Chávez y Maduro fiaron todo el crecimiento a la producción petrolera: de hecho, la única mercancía que exporta hoy día Venezuela es el crudo y sus derivados. De esta manera, controlando la petrolera estatal PDVSA, el gobierno bolivariano podía redistribuir rentas entre la población para así asegurarse un continuado apoyo electoral (una muy caciquil compra de votos). Pero todo este endiablado esquema se ha venido abajo con los precios del petróleo: el actual modelo petrobolivariano de Venezuela no puede sobrevivir con un barril a menos de 60 dólares y por eso el chavismo ha perdido y también, por eso, será tan complicado lograr levantar cabeza a corto plazo.

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