Lean al FMI: la culpa es de Syriza

La semana pasada los medios de comunicación españoles divulgaron a los cuatro vientos que el malévolo FMI se alineaba con Syriza a la hora de reclamar una quita de 30 puntos del PIB en la deuda pública helena. Se trataba de una alianza demasiado seductora como para dejarla pasar: «incluso el FMI reconoce que Grecia requiere de una quita y que sin ella no podrá salir adelante», se pregonaba.
A muchos no nos sorprendió la noticia especialmente, ya que el FMI es una burocracia supraestatal constituida para saquear a los contribuyentes occidentales con el propósito de rescatar a gobiernos quebrados: una institución que, justo por ello, debería ser cerrada ipso facto.
Sin embargo, si uno enarbola el informe del FMI como argumento de autoridad, resulta harto recomendable haber leído el informe citado para conocer el contexto en el que se producen semejantes recomendaciones. Y mucho me temo que pocos de los que se apoyan en el Fondo para reclamar una nueva quita en Grecia se lo han leído: pues sí, el FMI reconoce que es necesaria una nueva quita, pero las causas que la motivan son, en esencia, la desastrosa gestión de Syriza durante sus seis primeros meses de (des)gobierno.
A este respecto, el FMI es taxativo al responsabilizar a Syriza del deterioro de la situación económica del país y de la consecuente necesidad de una nueva quita. Reproduzco textualmente: «Si el programa [de rescate] se hubiese ejecutado tal como estaba previsto, no habría sido necesaria ninguna reestructuración de deuda». Sin embargo, el propio FMI constata que «desde comienzos de este año, ha habido cambios muy significativos en las políticas aplicadas y en las expectativas económicas que han incrementado muy sustancialmente las necesidades de financiación».8
En primer lugar, la rebaja de los objetivos de superávit primario por parte del Gobierno griego. Syriza ha recortado, en contra de las peticiones de la troika, el superávit primario al que aspiraba el Ejecutivo heleno: en concreto, entre 2015 y 2018, las necesidades de financiación se incrementarán por este hecho en 13.000 millones de euros más de lo inicialmente previsto.
En segundo lugar, Syriza también ha congelado el programa de privatizaciones que los Ejecutivos anteriores habían pactado con la troika para ir minorando su carga de deuda. Debido a ello, el Gobierno griego necesitará endeudarse en 9.000 millones de euros más de lo anticipado entre 2015 y 2018.
Tercero, para mantener su financiación mientras negociaba a cara de perro con la troika, Syriza ha recurrido a dos tretas: la primera, paralizar las devoluciones de impuestos a los contribuyentes y retrasar el reconocimiento de la obligación de pagar una pensión a los nuevos pensionistas; la segunda, obligar a los bancos griegos a que les compren letras del Tesoro, lo que los ha colocado en una situación de alarmante iliquidez que tendrá que ser revertida. Ambas operaciones incrementarán las necesidades financieras del Gobierno en 11.500 millones de euros durante los próximos años.
Cuarto, añadan a todo lo anterior que el frenazo en las reformas estructurales impreso por Syriza restará crecimiento potencial a la economía griega (el FMI estima la pérdida de crecimiento real a largo plazo en medio punto del PIB por año), lo que a su vez socavará su capacidad para financiarse en condiciones competitivas en los mercados: de tal manera, nos encontraremos con unas necesidades financieras adicionales por encima de los 35.000 millones de euros para apenas los próximos tres años.
Es en este contexto en el que el FMI considera indispensable una reestructuración de la deuda que alargue los plazos, reduzca los intereses e incorpore una quita de 30 puntos del PIB. O dicho de otro modo, según el FMI, Syriza no tenía razón al reclamar una quita cuando llegó al poder. Al contrario, ha sido su política económica suicida la que ha terminado de embarrancar a Grecia en un mayor estancamiento y un mayor endeudamiento del que estaba, volviendo inexorable -ahora sí- una nueva quita.
Sucede que premiar a Syriza con una quita y con una ronda de nueva financiación por haberlo hecho mal supone crear unos incentivos perversísimos para el resto de países de la Eurozona. Si cuanto peor es mejor, es obvio que todos deberemos tomar nota para seguir el camino de la irresponsabilidad en el futuro. Nada de ajustes y reformas para dejar de endeudarnos y para pagar nuestro endeudamiento pasado. Cancelemos los ajustes y las reformas para que nos sigan dando cuerda con deuda barata al tiempo que se nos condonan nuestras facturas pretéritas.
Una cosa es que la deuda pública griega no vaya a pagarse; otra que debamos aliñar el impago con un tercer rescate a costa de todos los contribuyentes europeos.

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