Pensiones en Chile: demagogia a raudales

En los últimos días se está armando un cierto revuelo con las pensiones chilenas. La prensa española nos informa de lo misérrimas que son las pensiones que proporciona su sistema de capitalización. Leo, por ejemplo, en Público que el sistema proporciona pensiones un 70% inferiores a los sueldos actuales, circunstancia que ilustra con un dramático ejemplo:

Yo estuve imponiendo hasta los 60 años, me jubilé con 30 años de cotización y a estas alturas gano 104.000 pesos (218 dólares, ó 168,5 euros)», cuenta Norma Vargas, de 75 años.

Vaya basura de sistema de capitalización, ¿no? Bueno, como siempre el periodismo de trinchera deja fuera de su relato diversos aspectos. El primero es que Chile ha experimentado un aumento brutal de su renta per cápita durante los últimos 30 años: en paridad de poder adquisitivo (es decir, descontando la inflación), la renta per cápita se ha multiplicado por seis. Dado que las pensiones se pagan –en Chile y en todas las partes del mundo– a partir de lo que uno ha cotizado a lo largo de su vida laboral, tiene poco sentido comparar el sueldo actual con las pensiones que se pagan en función de los sueldos cobrados hace 30 años (cuando éstos eran enormemente más bajos).
El caso de la mujer con una pensión de 2.616 dólares anuales que cita Público es perfectamente verosímil, pero no sirve para ilustrar lo nefasto del sistema de capitalización, sino lo pobre que era Chile hace unas décadas. Con los pocos datos que tenemos, la mujer del ejemplo cotizó entre 1969 y 1998. Por tanto, 11 años de su vida los cotizó al sistema público y 19 al de capitalización. Supongamos, sin embargo, que hubiese cotizado los 30 años en un sistema público como el español. ¿Qué pensión estaría cobrando en España estando la reforma de 2011 en vigor?
Asumiendo que el salario de la mujer sea el mismo que la renta per cápita del país (que es mucho suponer, pues normalmente se halla por debajo), su base reguladora calculada a partir de sus 25 últimos años de salario habría sido en 1998 de 0,75 millones de pesos. Esa base reguladora deberíamos rebajarla al 84,1% por cuanto esta mujer sólo habría cotizado 30 años a la Seguridad Social, lo que daría una pensión anual de 0,626 millones de pesos, que actualizada según la inflación de Chile a día de hoy alcanzaría los 0,97 millones de pesos anuales de pensión. En dólares actuales, 1.950 dólares... un 25% menos de lo que está cobrando ahora. Dejo de lado, por cierto, que la mujer se jubiló a los 60 y que en España la edad más temprana para jubilarse serán los 63, si se está dispuesto a asumir un recorte adicional del 30% en la pensión (hasta 1.365 dólares anuales, la mitad de lo que cobra ahora). Es decir, esta mujer cobraría 1.950 dólares… jubilándose a los 67 y no a los 60, como en Chile.
Dicho de otra manera, bajo la muy generosa hipótesis de que la mujer en cuestión estuviese cobrando un salario igual a la renta per cápita del país, en un sistema de reparto como el español (que además es insostenible y va a ser sometido a nuevos recortes, como los propuestos por el comité de expertos), esta mujer cobraría aún menos de lo que cobra ahora mismo. Y eso que sólo ha cotizado durante 19 años (y no 30) al sistema de capitalización chileno.
Por tanto, las bajas pensiones que se siguen cobrando hoy en Chile no son una muestra de lo malo que es el sistema de capitalización de pensiones, sino de lo pobre que ha sido (y en parte sigue siendo) Chile. De ahí que resulte tremendamente disparatado, y demagógico, comparar las pensiones actuales con los salarios actuales en un país que partía de niveles de renta paupérrimos y que ha experimentado un crecimiento tan intenso. Sobre todo, cuando no contamos cómo habría sido esa misma historia en nuestra querida España.

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