¿Podemos recortar el gasto público en I+D?

Han sido bastantes quienes me han criticado por proponer recortar diversas partidas del gasto público en I+D con tal de cuadrar el déficit. Arguyen mis críticos que minorando estas rúbricas lo que hacemos es hipotecar nuestro futuro; mas lo que ahora mismo está hipotecando el futuro de nuestro país es un colosal déficit público que amenaza, en última instancia, con expulsarnos del euro y que, por consiguiente, está dando origen a una preocupante fuga de capitales. Cualquier empresa que se encontrara en nuestra situación, recortaría transitoriamente sus desembolsos en I+D, pues para que esas inversiones a largo plazo den sus frutos, la empresa tiene que seguir existiendo y, si sus finanzas no se sanean y no evita el riesgo de suspensión de pagos, semejante requisito podría no darse.
Pero, además, mucho me temo que los críticos piensan que todo gasto en I+D es inmediatamente productivo y generador de riqueza, cuando semejante circunstancia ni siquiera sucede en el gasto que realiza el sector privado bajo la presión y supervisión continuada de la competencia y de los propios accionistas. Es fácil caer en la trampa del statu quo: el gasto público en I+D que realizamos ahora mismo es el óptimo, de modo que toda reducción será subóptima. Sin embargo, uno preguntaría, ¿por qué no gastamos 2, 3 o 10 veces más en I+D ahora mismo? Algunos probablemente dirían, con razón, que ello daría lugar a despilfarros masivos: si el Estado tuviera que gestionar 30.000 millones al año en I+D es muy dudoso que supiera darles algún buen uso a todos ellos; otros, en cambio, optarían por lamentar que en estos momentos no es posible: ya tenemos un déficit muy grande y por tanto no puede aumentarse el gasto, aunque sería lo deseable. No obstante, ¿por qué no empleamos este último argumento para justificar una minoración de las partidas actuales?
Me temo que el gasto público en I+D no es automáticamente productivo. La inversión en I+D no puede introducirse a machamartillo en un tejido productivo dado: recordemos siempre que los bienes de capital son mayoritariamente complementarios, es decir, se usan unos con otros. Las empresas se encargan de investigar en aquello que saben que necesitan para dinamizar su producción, efectuando en todo momento un análisis coste-beneficio. El gasto público no hace ni lo uno ni lo otro, de modo que su encaje y utilidad económica son más que dudosos.
Algunos podrían pensar, con todo, que el gasto público en I+D permite impulsar la investigación privada y la innovación general del país. Sin embargo, mucho me temo que no ha sido así. En la última década, hemos triplicado el gasto público en I+D (descontando la inflación) y nuestro número de patentes y modelos de utilidad es básicamente el mismo que en el año 2000.

(Fuente: Oficina Española de Patentes y Marcas)
Sé que ello no significa necesariamente que la investigación no haya dado sus frutos, pues ese mismo número de patentes y modelos de utilidad podría contener un mayor valor que los anteriores. Pero si ponemos ese dato en conjunto con los royalties españoles derivados del uso extranjero de nuestras patentes, tampoco parece que éste haya sido el caso.

(Fuente: Banco de España)
En definitiva, no parece que estemos ante un gasto público indispensable para la viabilidad de nuestro país ni, mucho menos, ante un gasto público que no pueda suspenderse hasta que mejore la coyuntura.

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