PP y Podemos, contra el euro

Denunciaba recientemente el ministro de Economía Luis de Guindos que el programa económico de Podemos sacaría a España del euro. Se trata de un pronóstico difícilmente disputable: en caso de que las promesas de reestructuración de la deuda y de aumento desproporcionado del gasto público se llevaran a término, la permanencia de España en el euro se tornaría verdaderamente insostenible.
A la postre, pocos ahorradores privados estarían dispuestos a financiar un agujero presupuestario sin fin y tampoco parece que Alemania vaya a aceptar hacerse cargo permanentemente del gasto público español rubricando una monetización estructural de deuda por parte del BCE.
De hecho, el propio documento económico de Podemos, redactado al alimón por Vicenç Navarro y Juan Torres, termina admitiendo que las propuestas económicas de la formación políticas son inviables dentro del euro tal cual está configurado hoy: «Los españoles deben ser conscientes de que es materialmente imposible que se puedan llevar a cabo políticas que satisfagan el interés nacional, el de la inmensa mayoría de la población, en el marco del euro tal y como está diseñado. Deben saber que el euro se concibió como una auténtica ratonera, pero que en ningún lugar está escrito que los pueblos tengan que aceptarlo sin más. Hay otras formas de construir Europa y de hacer que funcione la moneda única». Es decir, o Podemos renuncia a su programa, o logra un cambio radical de gobernanza del euro (cosa poco probable) o España abandona la moneda única. No hay más.
Por consiguiente, sí, De Guindos acertó cuando advirtió que o Podemos renuncia a sus propuestas o nos saca del euro. Sin embargo, el ministro de Economía silenció convenientemente que su formación política, el Partido Popular, no ha dudado en poner al euro contra las cuerdas con tal de imponer en España su irresponsable agenda económica.
Al fin y al cabo, cuando se constituyó la unión monetaria todos los países aceptaron algo bastante simple: no mezclar política monetaria con política fiscal. Los problemas de las respectivas hacienda públicas nacionales son problemas de las haciendas públicas nacionales, no del instituto emisor de la moneda que emplean todos los europeos. Si un Estado quiere gastar más, que suba impuestos o que emita deuda en el mercado, pero que no se financie con una impresión monetaria del BCE que, en última instancia, socializa el coste de ese sobregasto nacional entre todos los europeos.
Pero en 2012 el PP incumplió ese pacto (como el PSOE también lo había incumplido previamente). Ante el desbocado déficit público que exhibían las Administraciones Públicas españolas, apenas optó por estabilizar la recaudación subiendo desbocadamente los impuestos y por recortar moderadamente el gasto para aparentar un inexistente compromiso con la estabilidad presupuestaria. Es decir, en 2012, y tras unos iniciales fuegos de artificio en materia de austeridad, el PP se encogió de hombros y se negó a seguir reduciendo el gasto público cuanto fuera necesario para restablecer la confianza de los ahorradores nacionales e internacionales en la solvencia del Estado español.
Con semejante actitud, el PP envió un rotundo y podemita mensaje al resto de la Eurozona: o me rescatáis sin condiciones o rompo la baraja de la moneda única. Y así sucedió: en julio de 2012, Mario Draghi salió a la palestra prometiendo hacer todo lo necesario para salvar el euro, de modo que los ahorradores nacionales e internacionales restablecieron sus créditos al gobierno de España.
Pero los restablecieron no porque confiaran en la solvencia intrínseca del Gobierno de España, sino porque sabían que el Banco Central Europeo estaba respaldando implícitamente sus emisiones de deuda (justo aquellos que los gobiernos europeos se habían comprometido a no hacer).
En suma, cuando al PP se le planteó la disyuntiva entre, por un lado, «reducir el gasto público más allá de los límites que el partido considerable aceptable» y, por otro, «amenazar con romper el euro», el PP no vaciló a la hora de elegir la opción de amenazar con romper el euro. Como quiere hacer Podemos si gana las siguientes elecciones.
La diferencia entre ambos no reside en la responsabilidad o falta de responsabilidad institucional de unos y otros, sino en las líneas rojas que establecen a la reducción del gasto público. Pero tanto Podemos como el PP están dispuestos a apretar el botón rojo de autodestrucción monetaria antes de pinchar la burbuja estatal. Más que de fondo, se trata de una distinción de grado: cuánto aguante tenemos antes de lanzar la bomba nuclear monetaria.
 

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