Razón y emoción en el debate catalán

El debate secesionista es, por desgracia, un debate abonado para sentimentalismos donde cualquier atisbo de racionalidad suele verse marginado. Por eso, si queremos mantener el debate en el plano racional, deberíamos evitar sesgos de confirmación, argumentaciones ad hoc y racionalizaciones a posteriori. Dicho de otro modo:
– Las personas que «amen a España», que sufrirían si se «rompiera España» y que, al mismo tiempo, se opongan a la independencia de Cataluña deberían plantearse si sus argumentos racionales e contra de la independencia no son un autoengaño dirigido a imponer sus sentimientos a los demás.
– Las personas que «amen a Cataluña», que «odien a España», que sufren por que Cataluña «siga dentro de España» y que, al mismo tiempo, sean favorables a la independencia de Cataluña deberían plantearse si sus argumentos racionales a favor de la independencia no son un autoengaño para imponer sus sentimientos a los demás.

Estos dos grupos, pues, deberían ser especialmente cuidadosos con lo que defienden si es que, de verdad, quieren mantener una discusión racional sobre el asunto. Y, al contrario, uno debería prestar especial atención (por ausencia de sesgos) a los argumentos que procedan de:
– Personas que «amen a España» y estén a favor de la secesión de Cataluña.
– Personas que «amen a Cataluña», que «odien a España» y estén en contra de la secesión de Cataluña.
– Personas sin sentimiento alguno hacia la idea de «España» o «Cataluña».

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