Sorpresa relativa, mentira absoluta

Sabido es que Zapatero cabalgó a lomos de la mentira: primero negó la crisis y luego negó la necesidad de emprender reformas liberalizadoras para salir de la crisis. Muchos pensaron que Rajoy supondría un cierto soplo de aire fresco no sólo frente a las mentiras de su predecesor, sino también frente a su tozudez para no liberalizar la economía y reducir el gasto público. Al cabo, el propio Rajoy siempre mantuvo que su principal objetivo era minorar el déficit –algo muy sensato– y que no creía en las subidas de impuestos, lo que sólo podía significar que iba a concentrar la mayor parte del ajuste en el lado del gasto.
Aquí tenemos a Rajoy en 2009 diciendo que “subir los impuestos hoy es darle una vuelta de tuerca más a las maltrechas economías de las familias y de las empresas”.

Bueno, uno podría pensar que en dos años ha llovido mucho y que han cambiado las cosas. Podría ser, pero, primero, si en dos años uno cambia de principios, será que esos principios no resultaban demasiado sólidos; y segundo, como mucho la cosa ha cambiado a peor: las economías de familias y empresas están hoy más debilitadas que en 2009 y subir impuestos ahora las hundirá mucho más de lo que ya lo hizo en 2009 y 2010.
Pero, en cualquier caso, aceptemos que esas palabras de Rajoy son antediluvianas y que no resultan aplicables al momento actual. Bien, vayamos entonces a su discurso de investidura, celebrado hace apenas unas semanas: “Yo tengo que decir que mi intención es no subir los impuestos, porque creo que en un momento como éste, y más a los pequeños y medianos empresarios o a las empresas, con las dificultades que están pasando, no me parece lo más razonable”.

Vamos, que en realidad nada ha cambiado desde 2009, lo que era aplicable entonces parecía aplicable –y con toda la razón del mundo– hace dos semanas. ¿Qué ha sido entonces lo novedoso que ha hecho descabalgar el discurso de Mariano Rajoy? Pues, según nos dicen, que al abrir los cajones de La Moncloa han descubierto un agujero en el déficit muy superior al que los socialistas habían anunciado. ¡Cáspita! Los socialistas mintiendo, tremebunda sorpresa. Aunque en este caso habría que decir que si, como todo apunta, la desviación del descuadre presupuestario será responsabilidad de las comunidades autónomas, quienes habrán mentido en su mayoría no serán los socialistas, sino algunos de los muchos presidentes autonómicos del PP.
Mas dejemos ese pequeño detalle de lado. Uno incluso podría pensar que los populares son demasiado ingenuos como para conocer las cuentas reales de sus barones regionales; es decir, uno incluso podría pensar que, en efecto, hasta que se han aposentado en La Moncloa, no han sido conscientes de la magnitud real del problema y que esa desagradable sorpresa les ha conducido a enterrar sus promesas pasadas en contra de las subidas de impuestos.
¿Seguro? Miren qué decía el ministro de Hacienda, Cristóbal Montoro, durante la rueda de prensa posterior al Consejo de Ministros en los que se aprobó el rejonazo fiscal (minutos 6:35-7:50): “En el sector público territorial ya estábamos viendo esa tendencia desde los cambios de Gobierno desde el 22 de mayo de las elecciones autonómicas, ya lo vimos en el caso de Cataluña, y por tanto ahora lo que estamos es en definitiva recibiendo la estimación; una estimación que nace del Ministerio de Hacienda y que también estamos tomando decisiones relativas a encontrarnos en esa situación. Pero que ya estábamos siendo cada vez más advertidos –por analistas, por publicaciones, etc.– de que lamentablemente nos íbamos a encontrar en ella y de que íbamos a tener que tomar decisiones firmas y drásticas, comprometidas con la reducción del déficit público como consecuencia de esa sorpresa que, por lo demás, ya le digo, es relativa”.

Así pues, en efecto, los populares ya eran conscientes de la desviación del déficit autonómico y sabían –como casi toda la población lo sabíamos– que el déficit del conjunto de las administraciones estaría mucho más cerca del 8% del PIB que del 6%. Sorpresa “relativa”, pero mentira absoluta. Como con Zapatero: primero nos mienten y luego imponen la vía intervencionista y socialista. Como para no estar como estamos.

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