Todo lo que no quisieron contarle sobre Camboya

«Camboya: una historia de éxito en el globalizado mundo laboral». La frase no es mía. Tampoco pertenece a ningún desalmado capitalista textil comeniños que disfruta explotando a los camboyanos al tiempo que ve engrosar su cuenta corriente. Al contrario, es la descripción que efectúa el Informe sobre Desarrollo Humano del año 2015 elaborado por Naciones Unidas. Lean el sucinto resumen que esta organización multilateral —nada sospechosa de simpatizar con el liberalismo o la globalización— efectúa de la situación camboyana:

Al dedicarse a la fabricación y exportación en masa de productos textiles desde los 90, Camboya se propuso cosechar una buena reputación internacional por mantener buenas condiciones laborales que, además, le reportaba otra serie de ventajas. Así, en 1999, el gobierno camboyano firmó un acuerdo con la administración estadounidense para mejorar los derechos de los trabajadores a cambio de incrementar su cuota de exportaciones hacia EEUU. Camboya no sólo se benefició de ello, sino que el éxito se mantuvo una vez el sistema de cuotas desapareció. En resumen, los bajo salarios y las malas condiciones laborales no son esenciales para mantener la competitividad en los mercados globales.

Diantre. Camboya como ejemplo de altos salarios y buenas condiciones laborales (para los estándares tercermundistas) gracias a la liberalización comercial y, en particular, al pujante sector textil explotador. Imagino que a más de uno le estallará la cabeza al recibir tanta información contradictoria en apenas una semana. Pero acaso convendría profundizar en la realidad camboyana más allá de la selección sesgada de imágenes, experiencias y testimonios que pueda hacerse en un reportaje televisivo.
Primero, la renta per cápita del país se ha triplicado entre 1995 y 2013, pasando desde de 1.091 dólares (en paridad de poder adquisitivo) a 2.944:

Segundo, probablemente piense que la renta per cápita ha aumentado porque los ricos se han vuelto más ricos y los pobres, más pobres. Pero no: la desigualdad en Camboya también se ha hundido hasta unos niveles similares a los de Alemania.

Tercero, justamente porque el crecimiento económico del país ha beneficiado a todos los estratos sociales, la tasa de pobreza extrema también se ha desplomado desde el 32,8% de la población al 8,8%:

Acaso crea que todas estas cifras no son más que magnitudes monetarias sin una traslación efectiva a la calidad de vida real de los camboyanos. Pues, de nuevo, se equivoca.
Cuarto, la esperanza de vida al nacer ha aumentado desde 53,6 años a 68,4:

Quinto, este aumento de la esperanza de vida se debe, sobre todo, al desplome de la mortalidad infantil, que ha pasado de castigar al 11,7% del total de niños menores de cinco años al 3,8%:

Sexto, el trabajo infantil ha colapsado rápidamente en apenas una década, pasando del 52,3% de todos los niños entre 7 y 14 años al 11,5%:

Séptimo, la reducción del trabajo infantil ha ido paralela a la caída del número de niños sin escolarizar, el cual se ha hundido desde 358.000 a 28.500, permitiendo elevar la tasa de escolarización desde el 82,8% al 98,3%. Totalmente esperable: los niños salen de dónde no deben estar (las fábricas) y acuden a dónde sí deben estar (centros de formación)

Octavo, no sólo más niños están estudiando, sino que además estudian durante más años: los años esperados de escolarización aumentan de 6,7 a 10,9.

Noveno, este incremento de los años de escolarización está facilitando que cada vez más camboyanos accedan a estudios universitarios: las matriculaciones universitarias han aumentado desde el 1% de la población en edad de asistir a ella hasta el 16%.

Pero los camboyanos no sólo están más sanos y mejor instruidos, sino que sus condiciones materiales de vida también han mejorado. Así, en décimo lugar, el porcentaje de población rural que cuenta con electricidad ha crecido del 5% al 18,8%:

Undécimo, el número de usuarios de internet ya alcanza casi al 10% de la población, con unas tasas de crecimiento exponenciales:

Y, duodécimo, el número de móviles por persona ya asciende a 1,55 (más de un móvil por persona):

Claro que tal vez considere que todas estas impresionantes mejoras del nivel de vida de los camboyanos se han logrado a costa de un deterioro sin precedentes del medio ambiente. Pero tampoco: la tasa de agotamiento de recursos naturales ha caído del 8% al 2,5% del PIB; la emisión de CO2 se ha mantenido constante en relación al PIB; y la superficie terrestre protegida se ha incrementado desde el 0% al 26,2%:


Y si busca algún responsable de este acelerado progreso económico y social, no lo busque en la ayuda al desarrollo (que afortunadamente, y siguiendo los consejos del Nobel Angus Deaton, se ha venido reduciendo en las últimas décadas), sino a la continua entrada de inversión directa extranjera (con la única excepción de la crisis asiática entre 1997 y 2001):

En definitiva, es evidente que Camboya está muy lejos de ser un país desarrollado donde la mayoría de la población disfrute de estándares de vida envidiables. Pero también debería ser evidente el impresionante progreso que ha experimentado en las últimas tres décadas. Que esta visión esperanzadora de Camboya se oculte deliberadamente y que, además, se haga con el propósito de atacar aquellos elementos que han permitido ese rápido desarrollo (el libre comercio o la inversión extranjera: la globalización, en definitiva) es de una crueldad difícil de imaginar desde el mullido sillón de nuestros hogares occidentales.

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