Entre 2013 y 2016, la economía venezolana se habrá contraído un 20%, casi tanto como la griega. Es extraño: allí no sufren de austericidio, poseen soberanía monetaria, no les tiembla el pulso a la hora de estimular la economía o crear empleo público y su gobierno es de progreso. Al final, resulta que la revolución bolivariana no era más que la revolución del petrodolar en manos de la oligarquía bolivariana.