Zapatero no lo habría hecho peor

El PP acaba de convertirse en apenas un Consejo de Ministros en el partido de los impuestos altos. Si algo quedaba de aquella formación que decía apostar por los impuestos bajos y por la austeridad del gasto, ya ha muerto de manera irremediable. De la misma manera que el PSOE se hizo el harakiri en mayo de 2010 como abanderado del mal llamado «gasto social», el PP ha abandonado ya, y por varios lustros, el estandarte de los tributos moderados a través de la salvaje y alevosa subida de impuestos aprobada este viernes en el Consejo de Ministros.
Al final, tanto a izquierdas como a derechas se ha impuesto la «única política económica posible», que ni es única ni económica, pero sí política y desgraciadamente posible. Es decir, el arte de expoliar al sufrido ciudadano para costear los gastos y despilfarros de la casta estatal. A este respecto, tanto montaba Rubalcaba como monta Rajoy: los dos tenían bien claro que no iban a transformar nada sustancial de nuestro mastodóntico aparato estatal y que tratarían de crujir un poquito más a las clases medias con la excusa de perseguir a los más ricos.
Porque es posible que la reducción de 8.900 millones de euros en el gasto público sea sólo un aperitivo de lo que nos ofrecerán el próximo 31 de marzo, pero es de temer que el atroz incremento de los impuestos también lo sea. Y eso es lo que se ha puesto de manifiesto este viernes: que el PP ha optado por la vía izquierdista para corregir el déficit, es decir, el PP apuesta por que sea la impuesta y asfixiante austeridad privada la que sufrague los abundantes despilfarros públicos.
Se dirá que esto es lo propio del centro político, vacuo concepto ideológico donde los haya. Pero no: las medidas del Consejo de Ministros han sido las propias del socialismo más primario. No olvidemos que si bien era posible que las cuentas se cuadraran por el lado de los gastos –como exigían las necesidades de nuestra economía–, era del todo inviable (incluso para los más redomados comunistas) que se equilibraran solamente subiendo impuestos –pues no existe ni mucho menos margen para recaudar cerca de 85.000 millones de euros adicionales sin terminar de asesinar al sector privado–. El PP baja los gastos en 9.000 millones e incrementa los impuestos en 6.000: de los 15.000 millones en los que se reduce el déficit, el 40% procede del lado impositivo. Para llegar al 4,4% de déficit quedan ahora cerca de 30.000 millones; atendiendo a los antecedentes, ¿adivinan de dónde saldrán cerca de 12.000 millones de euros? Pues sí: de sus bolsillos.
Prepárense, pues, para una subida histórica del IVA en los próximos meses, porque ya histórica ha sido la del IRPF. Los que ganen más de 175.000 tributarán al 51%: más de la mitad de su renta se la embolsarán nuestros mandatarios. Pero bueno, usando la propia terminología clasista y frentista del PP, «esos son quienes más tienen», los que deben pagar parte del agujero que han causado esos mismos mandatarios socialistas y populares, nacionales, autonómicos y locales. De acuerdo, olvidémonos de ellos: a partir de 33.000 euros soportaremos un gravamen del 40%. Es de ahí de donde saldrá el grueso de la recaudación: de exprimir un poquito más a la clase media que mantiene en pie este país. Al menos, eso sí, espero que de una vez por todas se acabe la monserga de que los impuestos en España son mucho más bajos que en Europa. Para que nos hagamos una idea de la barbaridad que acaba de aprobarse hoy: en Suecia, el paraíso socialdemócrata por excelencia, las rentas hasta 43.000 euros pagan sólo el 30%. Aquí el 40%.
Tres cuartos de lo mismo acaece con las rentas del capital, cuyos gravámenes han aumentado hasta el 27%. Simplemente desolador: hace apenas cinco años, las plusvalías y los dividendos del capital mobiliario tributaban al 15%, casi la mitad que ahora. O dicho de otra manera, ahorrar en este país se está convirtiendo en una práctica casi proscrita por la Administración justo en el momento en el que menos nos lo podemos permitir: España no necesita consumir más, sino ahorrar muchísimo más. Los países hiperendeudados como el nuestro han de amasar un importante volumen de ahorro para minorar sus pasivos y recomponer su tejido empresarial, pero Rajoy está incentivando todo lo contrario. ¿Y para qué? Para recaudar apenas 1.200 millones de euros, algo menos de lo que se dejará de recaudar por la reintroducción de la deducción a la compra de vivienda habitual. O dicho de otra forma: el PP está favoreciendo la descapitalización de las empresas más punteras de nuestro país para incentivar que el capital de los ciudadanos fluya hacia la adquisición de viviendas, esto es, hacia bancos y promotores (nuestro motor económico para la próxima década, es de suponer).
En definitiva, el nuevo Gobierno está desangrando una economía privada moribunda para minimizar el adelgazamiento del sector público: el mismo Estado que ahora pero con mucho menos mercado… eso sí, sólo «de manera temporal». Incluso en el lenguaje comienzan a sonar como Zapatero.

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